22/11/10

Cada uno con su propia realidad - Matthieu Ricard

Nuestra percepción de un objeto como deseable o indeseable no reside en el objeto en sí, sino en la manera de como lo percibimos. No existe una cualidad inherente en un objeto hermoso que beneficie a la mente como tampoco algo dañino en un objeto feo. Si los humanos desapareciéramos, el mundo fenoménico no necesariamente desaparecería con nosotros – pero sí la percepción humana para con el mundo que ya no tendría base para existir. “Mundos” como son percibidos por todo tipo de seres, continuarían existiendo, para ellos. Hay un sutra que dice: “Para su amante, una mujer hermosa es una delicia; para un asceta, una distracción; para un tigre, una buena comida”.
Aunque nuestras percepciones son provocadas por objetos, al final, son construídas por la mente. Cuando vemos una montaña, la primer imagen que surge es percepción pura y sin fabricaciones. Pero del segundo instante en adelante, algunas personas pudieran pensar, “Oh, esa montaña parece peligrosa e inhabitable”, mientras otros pudieran pensar, “Ese sería un lugar ideal para un retiro”. Diferentes y numerosos pensamientos seguirán a continuación. Si los objetos fueran definidos por sí mismos y poseyeran cualidades intrínsecas, independiente del sujeto que los observa, todo el mundo debería de percibirlos igual.

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